Estados Unidos considera eliminar el límite de líquidos en aeropuertos, una regla impuesta hace 19 años que podría desaparecer con la modernización de los controles de seguridad de la TSA. La gobernadora de Dakota del Sur, Kristi Noem, sugirió la medida, que se enmarca en una actualización tecnológica con escáneres de tomografía computarizada (CT), reconocimiento facial y controles biométricos.
La restricción de 100 mililitros de líquidos en el equipaje de mano se implementó en 2006 tras un complot terrorista en Reino Unido. Aunque efectiva, ha sido criticada por expertos y pasajeros, quienes la consideran obsoleta. Los nuevos escáneres CT, ya en uso en Londres-Heathrow y Ámsterdam-Schiphol, permiten inspeccionar equipajes en 3D sin que los pasajeros saquen sus pertenencias. La TSA los está probando en aeropuertos clave como el JFK de Nueva York y Hartsfield-Jackson de Atlanta.
Kristi Noem, figura conservadora republicana, ha cuestionado la eficacia de los procedimientos actuales de la TSA, calificándolos de "anticuados". Sus declaraciones coinciden con la presión de aerolíneas y asociaciones de viajeros.
Además del límite de líquidos, la TSA explora eliminar el retiro obligatorio de computadoras, usar reconocimiento facial para acelerar la identidad, implementar pre-chequeos biométricos para viajeros frecuentes y aumentar la automatización en los puntos de control. Estas medidas buscan mantener la seguridad sin frenar la movilidad, en un contexto de creciente demanda de vuelos y priorización de la experiencia del pasajero.
Aunque no hay fecha oficial para el fin del límite de líquidos, el debate está abierto. Este cambio sería práctico y simbólico, indicando que la seguridad puede ser inteligente, ágil y moderna, y que la eficiencia no está reñida con la protección.